Por Carola Margara
BORDAdora
Fotografías: Sol Muñoz
Detrás del bordado está la recuperación de un espacio que se me había cerrado. No se me pasaban las horas, vivía en un séptimo piso, pensaba en que si algún día me iba a animar a hacerlo, me mareaba, y el niño lloraba, yo estaba sola con él, tenía que darle la teta, y no podía, igual lo buscaba, se la daba y lo volvía a dejar.
El niño dormía mucho y yo me mareaba.
Pude salir al centro a caminar. Pude tener una tela, unos canutillos, hilo.
Dormía el niño hasta las 13:30. Y yo bordaba, mientras temblaba. Así recupere y resistí.
Eso es el bordado, una forma de resistencia.
LÓPEZ apareció de una manera parecida al bordado. Vino a recuperar otro espacio perdido. Vino a hacer por la memoria. Vino en forma de resistencia, y ocupa un lugar desde el accionar que no puede ya ser reemplazado por otro.
La memoria, que reivindica instantes, como estrategia de resistencia, el bordado imprime lo que no se debe olvidar. López llegó en el mismo momento que yo empezaba a temblar, como si ese niño siguiese necesitando que le de la teta.
López hizo lo que Anafranil no pudo hacer, me hizo dejar el miedo, me hizo bordar por alguien a quien no le dieron la posibilidad, ya no de ser víctima, sino de resistir.
LOVE porque amo poder bordar el odio, el odio a la desaparición. El odio al silencio. El odio a la mentira, esa mentira primitiva. El odio a la victimización, el odio a la internación..
El odio a la parálisis. El odio por la no lucha.
LOVE la lucha de Iván.
LOVE LÓPEZ.